lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi padre. 1937



Mi nacimiento tuvo lugar en plena guerra civil española en el municipio de Taberno, (Almería) año 1937, y ocupé el cuarto lugar de tres hermanas, Isabel, Ma Dolores y Rosa. Estas son mis hermanas, las que quiero y adoro con todo mi corazón, ellas fueron las que me cuidaron en mi más tierna infancia renunciando a mi favor a lo más elemental para su subsistencia.
Mi madre fue una mujer excepcional, gracias su fortaleza impidió que sus hijos murieran de hambre. No le importó exponer su vida por sus hijos.
A pesar de haberlo dado todo sin esperar nada a cambio se vio privada del derecho que toda madre debe de tener: el disfrute de sus hijos.
Conservo recuerdos aunque un poco borrosos del cortijo en que nací, Los Herreros, pero por más que me esfuerzo no logro abrir el archivo que debe de haber en mi mente para recordar a mi padre. Sin duda su muerte acaeció siendo muy niño.
En aquellos años de incertidumbre de nuestra posguerra mi padre labraba la tierra en una finca arrendada para sobrevivir.
Un fatídico día se pinchó el pie con una hoz, y después de perder el tiempo con curas caseras mi madre decidió llevarlo a un hospital en Almería.
Allí permaneció ingresado algún tiempo intentando salvarle la vida, pero la gangrena era imparable por el  avanzado estado de la lesión...
El accidente de mi padre conllevó que quedáramos los cuatro niños en desamparo por acompañarle mi madre durante su enfermedad.
Nuestra situación fue a peor. Mi hermana Isabel con tan solo diez años se vio en la necesidad de responsabilizarse de sus hermanos más pequeños.
La caridad de los vecinos, cuatro cabras y unas cuantas gallinas, fueron los únicos recursos disponible para subsistir.
La leche y los huevos nos ayudaron en parte  a no perecer de hambre.
Ante la grave situación y a sabiendas que la enfermedad de mi padre se alargaba, los vecinos aconsejaron a mi abuelo que nos acogiera en su casa por desamparo, gracias a sus consejos mi abuelo acepto, pero condicionó su ayuda a la colaboración en partes iguales con mi abuela materna. Llegados a un mutuo acuerdo, mis hermanas Ma Dolores y Rosa fueron a vivir con la abuela materna a Santopetar, mientras que yo me quede con mi hermana Isabel en el Bancalejo viviendo con mi abuelo paterno.
Obviamente, que mis hermanas, Ma Dolores y Rosa, fueron favorecidas, ya que mi abuela materna quería a sus nietos con locura.
Peor suerte tuvo mi hermana Isabel. Mi abuelo paterno además que era tacaño era una persona de los de ordeno y mando y mi abuela tenía la libertad muy limitada.
En lo que respecta a mí, tuve la suerte de no pasarlo tan mal, pues gracias a la astucia de mi abuela, y siempre actuando  sin saber nada mi abuelo me hacia unas tortitas de harina para evitar que pasara hambre, en aquel momento tenía  tres años.
El llegaba a controlar hasta el pan.
A la hora de cenar como estaba satisfecho de tortas no tenia gana de comer, por lo que reprimía a mi abuela que me tenía arto de pan, esta salía del apuro haciéndole ver que el pan estaba como lo dejo él, “sin tocar”. Una vez que lo revisaba se daba por satisfecho creyendo que le originaba poco gasto.
A pesar de tener solo diez años mi hermana, la obligada a trabajar muy duro para ganar los escasos alimentos que consumía. 
Mi madre llegó a empeñarse tratando por todos los medios de salvar a mi padre, pues en aquella época los que tenían la desgracia de enfermar tenían que pagar todos los gastos de médicos y medicinas, ya que no existía como en la actualidad protección sanitaria.
Al carecer de recursos para pagar las facturas originadas por el accidente de mi padre, mi madre se vio en la necesidad de vender la tierra que heredó de sus padres por negarse mi abuelo a vender la parte que le correspondió en herencia a mi padre y ser usufructuario de dicha tierra.
Aparte de nuestro drama, lo que más me duele y me dolerá mientras viva fue, que estando mi padre tan grave mi abuelo advirtiera a mi madre, que tuviera cuidado con los gastos que originaba de médicos si no disponía de dinero para pagar, pero aún me duele más que no se dignara en visitar a su hijo en el último momento de su vida. La mala fortuna le acompañó hasta en la agonía, pues murió en la más completa soledad sin nadie de la familia, ya que mi madre en estado avanzado de gestación regreso al Taberno para alumbrar a mi hermano Domingo.
En aquellos años de incertidumbre de la guerra civil de España, la pérdida de mi padre fue para mi madre e hijos una tragedia, sola y sin ayuda de nadie tuvo que alimentar a cinco niños pequeños, en un país donde cada cual defendía su supervivencia aunque tuviera que emplear la fuerza física. No existía la compasión ni la caridad para nadie, ni siquiera para la desesperación de una madre que pide un trozo de pan para sus hijos hambrientos.
Mi madre nunca se rindió en su lucha por sacarnos adelante, aunque para para conseguirlo tuviera que enfrentarse a tiros de escopeta.
Ella fue siempre una mujer fuerte, e incluso en aquellos años de discriminación de las mujeres respecto a los hombres se supo imponer demostrando fortaleza, y exigiendo en las fincas rurales que realizaba las labores del campo su equiparación al salario masculino al desarrollar el mismo trabajo.



Mi partida de nacimiento, 1937

10 comentarios:

  1. Gracias a Dios esos tiempos ya no existen. Parece mentira que esa etapa de tu vida no esté tan lejana en el tiempo. Se podría llamar a tu madre "Madre Coraje" por su fortaleza y valentía. Te sigo comentando aquí.

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  2. Dios envía penas, pero también soluciones y conformidad.

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  3. Amigo Termino de leer la primera portada de Secretos Del Alma,es muy dificil la vida,espero me acepte,podre segir leyendo,Cariños.

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  4. Uy que triste esta historia de vida, se puede palpar, sentir desde al alma. Seguiré leyéndola. Me gusta tu modo de narrarla. Te dejo un abrazo-Graciela.boticaria

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  5. Excelente modo de narrar vivencias.Ojala sea un leve recuerdo sin heridas...hoy.Saludos escritor
    buena vida.

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  6. Sabiendo que no es ficcion, uno se predispone a leer de otra manera; no solo imagina, pone rostros, situacion, escenario, sino que a todo eso le suma el factor "verdad", que lo hace todo aun mas angustiante y desesperado, uno se va cambiando de personaje y experimentando diferentes sentimientos: como madre, la tremenda responsabilidad sobre las espaldas, como niño, el no comprender del todo la realidad y aun asi, tener que vivirla con privaciones, con penas, con perdidas...ahora donde no me puedo colocar muy bien es en el rol de abuelo, porque simplemente, es increible, aunque no es la primera vez que se escucha de un accionar asi, mezquino y egoista.
    Tremenda historia amigo, sigo firme leyendo.
    Abrazos.

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  7. josan, te diré que me asombra tu historia, y a pesar de los tiempos, mis hermanos y yo fuimos criados por abuelos,también pasando por necesidades y enfermedades,y la muerte de mi abuela y ahi si que se empeoro nuestras vidas, la pobreza economica de nuestra parte y la pobreza espiritual de los que nos rodeaban, en que mundo mezquino que vivimos,aunque no tengamos guerras,la mezquindad existe en el ser humano,dar gracias Dios, y a vuestra madre,por su fortaleza. DIOS no manda una cruz que no se pueda cargar, me encantó, y tu mamá idolatrarla,te seguiré,que recuerdos me traen al leerte, Josan gracias por compartir tus vivencias, como dice el refran mal de muchos consuelo de tontos, tu lo entiendes verdad? un abrazo
    floria

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  8. Doy gracias a Dios por no ponerme en esa época y aunque si me puso en una situación parecida a la tuya, ya que mi madre enviudo quedándose con seis hijos pequeños siendo yo la tercera y la que desde entonces me fui a vivir con mi abuela materna llevando una vida como la de tu hermana Isabel solo que sin abuelo ya que mi abuela también era viuda, a pesar de todo yo quiero mucho a mi abuelita y la extraño ya que el 28 de septiembre del 2010 murió.

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  9. He escuchado historias como estas, contadas por mis abuelos, tios, y mi madre.La vida nos pone en encrucijadas en las que hay que decidir. Duro, si , pero esto hace mas fuertes, y moldea los caracteres.
    Aunque no haya vivido ese tiempo, me encanta leer historias que son reales.
    Gracias por compartirlo. Un beso, amigo.

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  10. Leerte es una escuela, mejor dicho, una Universidad donde se aprende a que nuestro mal, es pequeño comparado con el de los demás.
    Triste niñez, dolorosos recuerdos pero a la vez son dulces, porque el poder hablar del sacrificio de esa gran mujer, tu madre, es para dulcificar el espíritu.
    Besos

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