lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo IV. Nuestro traslado a Valencia. 1945

El motivo de aquel cambio tan negativo para nosotros fue causado por un estafador que logro convencer a mi madre para que se uniera en pareja.
Aquel mal nacido se aprovechó de su ignorancia para lograr que vendiera lo conseguido con el esfuerzo de su trabajo, según palabras del estafador, si nos íbamos a vivir con él a Valencia viviríamos holgadamente, ya que disponía de casa y recursos económicos.
Mi madre creyó ver una puerta abierta a su grave situación con la promesa de este sinvergüenza y no dudó en hacerle caso, de nada sirvieron los consejos de la familia y vecinos, vendió los animales, enseres (mesas y sillas... etc.) y demás utensilios que no se podía llevar.
La tierra y casa no se podía vender mientras viviera mi abuelo por derecho de usufructo según lo escriturado, mal menor, pues de haberlo hecho lo habríamos perdido todo.
Nos preparamos para el viaje. Mi abuela materna aconsejo a mi madre que dejara a mi hermano Domingo con ella en Santopetar por considerar que era demasiado pequeño para realizar un viaje tan largo, al mismo tiempo le haría compañía y no se sentiría sola.
Desde la distancia de mis años vividos creo que se hizo lo correcto, posiblemente que a la edad de cinco años el niño no habría soportado el terrible sufrimiento que nos esperaba en Valencia.
Mi tío Mariano hermano de mi padre, se ofreció para llevar los equipajes en burras desde Santopetar a Huercal-Overa para que subiéramos al tren, la localidad más cercana con estación de ferrocarril.
Subimos al tren hacia una tierra extraña para nosotros.
Uno de los recuerdos que perduran en mi mente es que mi hermana Isabel fue llorando casi todo el viaje, posiblemente que a los quince años intuía el dolor de aquel desastre.
 Al despedirse mi tío de nosotros tuvo la gentileza de regalar a mi hermana diez pesetas, que en aquella época tenían cierto valor, ante el temor que pudiera perder el dinero mi  madre decidió que sería mejor que las entregara al malnacido para que las guardara, no obstante, mi hermana opuso resistencia, pero ante la insistencia de mi madre termino cediendo.
Nos apeamos del tren en Valencia y nos situemos en la sala de espera de la estación del norte mientras que el estafador le dijo a mi madre que esperara para ir al aseo.
Fue la última vez que le vimos.
 No sé cómo expresar la desesperación de una madre en una ciudad que no conoce, sin dinero y con cuatro hijos pequeños a su cargo y sin conocer otro mundo que el campo, el cielo se le vino abajo, estuvimos quince días durmiendo en el suelo de la sala de espera alimentándonos de los pocos alimentos que se trajo del pueblo y la caridad de los militares que esperaban el tren. Éstos eran conscientes de nuestra delicada  situación, y cuando sacaban sus bocadillos para comer y veían nuestras miradas hacia los alimentos se compadecían y compartían sus alimentos con nosotros.
A mi hermana Rosa se le rompieron los zapatos y tenía que andar descalza o permanecer casi todo el día sentada en uno de aquellos bancos de la sala de espera.
Viendo a mi hermana en aquella situación tan penosa no lo pensé mas, a mi corta edad (ocho años) llené un botijo de agua y me dedique a vender a los pasajeros del tren gritando “¡Agua!, ¡Agua!”.
Algunos pasajeros me daban diez céntimos, otros cinco, y algunos bebían y no me daban nada. Con el dinero logrado le compremos unos zapatos.
 Uno de los días que vendía agua, casi me atropella el tren. Tengo que dar las gracias a un señor que de un empujón me saco fuera de la vía evitando una muerte segura. Recuerdo que me pegó unos azotes reprimiendo mi descuido.
A pesar de mi corta edad fui consciente de que me salvo la vida y no me ofendí por su proceder, aún hoy dejo constancia en mis memorias y le recuerdo agradecido.
Nuestra situación se hizo insostenible, hasta llegar al extremo de no disponer para alimentarnos al haber consumido lo que mi madre se había traído del pueblo, mas la mala imagen que dábamos en la estación, pues vestíamos sucios y  andrajosos al llevar más de quince días sin cambiarnos ni asearnos, con el agravante de que el jefe de estación insistía constantemente que fuéramos a otro sitio.
Desde la distancia me vienen recuerdos que perturban mi mente y me pregunto una y otra vez: pero dónde podía ir una mujer con cuatro niños pequeños, en un mundo desconocido y hostil para ella. La verdad que no me canso de repetir lo que llegaría a sufrir mi pobre madre. Si aquella situación se diera en la actualidad no causaría tantos problema, pues estos casos de extrema necesidad están más controlados por las autoridades, o bien por asociaciones prontas que procuran solucionarlos lo mejor posible, ya que existe la protección del menor, pero en aquel tiempo de caos e incertidumbre de la posguerra española todo era caótico, y no existía protección del menor, y menos para las personas adultas.
Sucios y andrajosos deambulábamos por las calles de Valencia cuando fuimos detenidos por la policía para internarnos en un Albergue/reformatorio en San Francisco Javier, en una edad de 15/12/10/8 /años

Valencia en los años 40 (España)


3 comentarios:

  1. Seres como éstos los hallamos siempre en los pliegues de nuestras vidas. Debes estar seguro, querido José Antonio, que Dios se encargó de él en el momento debido.

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  2. josan,imagino como sería esa época,los hombres eran los machos, y las mujeres sus reenes,y habia que obedecer porque llegaban no solo al castigo físico sino espiritual y los hijos los verdugos,pero no fue solo en posguerra existe aunque esta más controlado, y las mujeres tienen mas actoridad cuando en esa situacion resuelven seguir solas, se defienden,entonces yo pienso donde están los derechos de los niños'? si en pleno siglo xxi hay violaciones de todo tipo y niños en las calles,como se dice comulmente a cagarse en los derechos de los niños,y de los derechos humanos muchas veces mal aplicados, que recuerdos Josan,tristes pero la la vez te fortificaban para ayudar a tu familia, seguiré junto a tu biografia,y conocer más este mundo crul
    un abrazo
    floria

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  3. Un agrado leer tus escritos .
    Has tenido una vida dura y triste . pero eso te hace un hombre fuerte lleno de valores . Un abrazo amigo .

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