lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo V. Internados en un Albergue por el Tribunal Tutelar de Menores en San Francisco Javier (Valencia)


Documento acreditativo de nuestro internado.  
Después de muchos avatares los dos policías que nos detuvieron nos dijeron que nos llevarían a un colegio y que estaríamos bien cuidados ¡Qué mentira más piadosa! Nos cogieron de la mano y nos llevaron a unas duchas municipales para asearnos antes de internarnos.
Cuando llegamos a las duchas uno de los encargados me cogió de un brazo e intentó a la fuerza separarme de mi madre y de mis hermanas para conducirme a la ducha de hombres. Llorando y con resistencia por mi parte me opuse con firmeza e intenté no seguirle el juego. Toda mi lucha fue inútil, ya que con su fuerza bruta ganó la partida a un niño de ocho años.
Allí quedé traumatizado, además de ducharme me sometió a tocamientos en mis genitales.
Imaginen mi sufrimiento al no comprender lo que me hacia aquel degustador de niños.
En un descuido de su parte pude escapar y salí corriendo sin rumbo determinado por uno de los pasillos, llegando de casualidad a las duchas destinadas a las mujeres. Lo que vieron los ojos de un niño de ocho años no fue de su agrado, todas las mujeres incluida mi madre estaban desnudas, al verme empezaron a gritar al mismo tiempo que tapaban con las manos sus partes íntimas.
-¡Ese niño! ¿Qué hace ese niño aquí?
Al verme mi madre llorando intentó dirigirse a mí para consolar mi llanto, pero la encargada evitó todo contacto entregándome de nuevo al pederasta.
Afortunadamente esta vez no tuve nada que temer por parte de aquel sinvergüenza.
A partir de aquel momento perdí el contacto con mi madre y durante un largo periodo de tiempo que no recuerdo deje de verla.
Una vez aseados vinieron otra vez los dos policías que antes nos habían acompañado para ingresarnos en el supuesto colegio.
De colegio solo tenía el nombre, simplemente era un reformatorio donde ingresaban a niños delincuentes si se puede llamar delincuente robar para sobrevivir.
Uno de nuestros acompañantes tocó el timbre y de inmediato acudieron en nuestra busca dos monjas y un celador. Le entregaron unos papeles y después de hacerse cargo de nosotros se despidieron.
Aquí empezó mi mayor calvario y nunca logre desterrarlo  de mi mente.
Aquel hombre se dirigió a mí y me dijo:
-Tú vente conmigo - haciendo la monja lo propio con mis hermanas.
Un recuerdo que perdura en mi subconsciente y que nunca logre desterrar fue aquella separación salvaje de lo que más quería después de mi madre, ¡mis hermanas!
Opuse resistencia para no separarme de ellas y lloré desconsoladamente, pero todo mi esfuerzo fue vano, aquel hombre me cogió de un brazo y me condujo al reformatorio.
Entramos a un patio que media unos doscientos m² y vi aproximadamente unos sesenta niños que jugaban alborotando con sus gritos aquel recinto.
 Todos eran mayores que yo.
Al fondo del patio vi a un hombre sentado en una silla que leía  un periódico. El hombre que me acompañaba me dejo solo por un momento para entregarle unos papeles. Empezaron a hablar al mismo tiempo que miraban hacia mí, supongo que de mi ingreso. De repente algunos niños me acorralaron y dándome empujones empezaron a burlarse de mi llanto.
Afortunadamente para mí, aquel señor del periódico se dio cuenta de mi situación y vino en mi ayuda sacándome del apuro. Después de reprimir a los niños trató de consolar mi llanto sin conseguirlo. Más tarde supe por mis compañeros que el que acudió en mi ayuda le llamaban el “señor Valentín” y de él guardo muy buenos recuerdos, por ser una buena persona. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de uno de los celadores que más tarde iba a conocer. Le llamaban el “señor Ramón” y era muy cruel con los niños.
El señor Valentín me dijo:
-No llores más y vente conmigo, que te daré un traje limpio.
Seguí a aquel hombre sin dejar de llorar y me condujo a una salita que hacía de vestuario. El traje era un mono de los que suelen llevan los mineros para el trabajo, una camisa, unos calzoncillos y zapatillas. Con frío o calor ese fue el vestuario que lleve durante todo el tiempo que estuve en aquel correccional que por cierto no fue poco.


Documento acreditativo de nuestro internado.  















































3 comentarios:

  1. Querido amigo, una triste separación de tus seres más queridos. Imagino cómo te sentiste y me apena... Seguiré tu historia.

    ResponderEliminar
  2. jOSAN; LLEVO LEIDOS LOS PRIMEROS CINCO CAPITULOS, ES PRECIOSA LA HISTORIA Y TANTO EN TU TIEMPO COMO EN EL MIO PASAN COSAS IGUALES O PARECIDAS. MANIANA SIGO LA LECTURA O MEJOR DICHO A LA NOCHE REALMENTE ES UNA HISTORIA TRISTE Y ME SIENTO MAL DE SOLO PENSAR QUE A TU CORTA EDAD SUFRIERAS TANTO, PERO dIOS SIEMPRE HA ESTADO A TU LADO.

    ResponderEliminar
  3. josan, no salgo de mi asombro,cuel destino el de tu familia y pricipalmente el tuyo, un niño, inocente,y asi mismo queriendo proteger y protgerse en su madre y sus hermanos, no se que escribirte, si felicitarte por tu valor,de escribir y compartir tanta tristeza,eres noble y valiente, no permitiste que la injusticia que marcara,
    un abrazo
    floria

    ResponderEliminar