lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XI. Mi primera comunión


Por fin empezaron a impartir las clases y tengo que decir que no me costó mucho aprender a leer.
Para hacer la primera comunión tuvimos que aprender el catecismo completo, nos examinaron y no todos aprobaron. En lo que respecta a mi me esforcé y saque un sobresaliente.
Los aprobados la haríamos el mismo año, y los suspensos al año siguiente.
Llego el día tan señalado y acordaron que la haríamos en la iglesia que asistíamos a misa antes de cambiar de departamento. Aquella noticia me alegro mucho, ya que tendría la oportunidad de ver a mis hermanas, que por cierto hacía tiempo que no las veía.
Nos compraron unos pantalones y camisa blanca, aquella ropa nos hizo mucha ilusión por ser una novedad para nosotros.
Vestidos con la ropa nueva y acompañados por uno de los celadores nuevos, nos dirigimos cantando canciones religiosas en formación como los militares.
 A mitad de trayecto, la casualidad quiso que pasara por allí mi hermana Mª Dolores que se dirigía a la lavandería. Al verme empezó a llorar y a suplicar al celador que le diera permiso para darme un beso.
Este hombre, que era más tolerante con los niños, no solo le dio permiso, sino, que paró la marcha e interrumpió el cántico para permitir que nos besáramos. Según dijo, cuando se hacia la primera comunión era un día de gracia y estaba permitido.
Aparte del fortuito encuentro con mi hermana, no tuve la misma suerte con las otras, y la alegría que inundaba mi corazón aquel día tan especial de mi comunión se convirtió en tristeza, al estar la misa dedicada solo para nosotros.
Finalizada la misa, nos dirigimos de nuevo al departamento, donde nos esperaba un desayuno extra nunca visto. Se componía de churros, bollos y una taza grande de chocolate fundido.
Entre aquel estupendo desayuno, más el corto paseo a la iglesia, me sentí un poco más liberado de los castigos que aplicaban aquellos carceleros de niños. 
Lo negativo para los que no hicieron la comunión fue, que mientras nosotros desayunábamos a lo grande ellos tuvieron que conformarse con el chocolate de algarroba, tendrían que esperar otro año, suponiendo que aprobaran el catecismo. 
Al día siguiente nos recogieron los pantalones y la camisa para que la utilizaran al año siguiente los que no habían aprobado. 
Desde la distancia me queda el resentimiento de que no avisaran a mí madre para que me acompañara  en mi primera comunión y a mis hermanas que se encontraban internadas a pocos metros de distancia, las normas prohibían que los niños de diferente sexo tuvieran contacto, al menos en el albergue/reformatorio y en mi época donde puedo hablar con razón de causa por haberlo vivido y sufrido.   

Interior de la Iglesia




3 comentarios:

  1. Nuestra Primera Comunión es algo que nos emociona. Yo también estrené un traje para aquella ocasión. Es una pena que no tengas fotos de esa fecha tan especial.

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  2. josan,que poco duró la cruel alegria,ni la ropa les dejaron,pero por lo menos la comida no la controlaron, eres un niño muy inteligente y de corazón noble para soportar sin reveldia tanta maldad... un abrazo
    floria

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  3. Recuerdo con alegria mi primera comunion Josan, es un momento en que ya casi no somos niños.te felicito por salir adelante ante tantas dificultades ,a pesar de tantos maltratos eres un hombre bueno .

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