lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XIII. El cambio de residencia


Llevábamos unos seis meses viviendo en casa de Elena, cuando basándose en la falta de espacio de su vivienda, les dio tres días de plazo a  su hermana y a mi madre para que buscaran vivienda.
Preocupadas por la intransigencia de la dueña la superiora y mi madre salieron en busca de un techo para cobijarse de las inclemencias del tiempo.
Desesperadas, llegaron a un pequeño huerto situado en la parte derecha del río Turia, en cuyo centro del vallado había una higuera y una caseta para guardar las herramientas el supuesto dueño, sin más preámbulos decidieron tomar posesión del habitáculo para tener donde cobijarse hasta que mejorara la situación.
Aquella caseta apenas media unos 12m2, pero pensaron que era mejor tener un techo para resguardarse de las inclemencias del tiempo que vivir en la calle, aquella misma noche le dieron una patada a la puerta y tomaron posesión de ella, la limpiaron un poco y sacaron las herramientas a la calle para hacer espacio a los utensilios que disponían.
La peor parte para nosotros vino al día siguiente al llegar el dueño y ver que su huerto había sido ocupado, puso una cara de furia que nunca olvidaré. Nos maldijo y exigió que abandonáramos de inmediato la caseta o nos mataba a todos, pero aquel hombre no sabía a quién se enfrentaba, ignoraba que mi madre era fuerte y de mal carácter a la hora de defender la supervivencia de sus hijos. En cuanto a “la superiora” su sobrenombre lo decía todo y lo había ganado a pulso, por lo tanto, las dos salieron con palos dispuestas a enfrentarse al dueño, ante el temor de ser agredido desistió con amenaza de denuncia.
La denuncia nunca se llevó a cabo, ya que todo lo que construía en el río era ilegal, por lo tanto, nadie era propietario de todas aquellas chabolas.
Aquel hombre continuó molestando algún tiempo, pero ante la firmeza de las mujeres abandono por aburrimiento.
En el reparto de espacio de la chabola salió ganando la superiora, colocó una pequeña cama para ella e hija, y como no cabía otra cama, a nosotros nos tocó dormir en un colchón en el suelo.
Aquella chabola fue nuestro hogar durante todo el tiempo que estuvimos en Valencia.
Cuando llovía torrencialmente el agua entraba a raudales en la vivienda, y nos veíamos obligados a buscar refugio en las cuevas que los trabajadores de la construcción hacían en el rio para extraer grava, cuando paraba la lluvia regresábamos de nuevo.
Actualmente soy consciente del riesgo que corríamos al refugiarnos en las cuevas, ya que en caso de una crecida del río habrían quedado inundadas todas aquellas cuevas por el agua.
La caseta donde vivíamos era tan pequeña que no hubo ningún problema para que seis hombres la levantaran en peso para que ocupara otro lugar, pues llego a obstaculizar a los trabajadores para que seguir sacando grava del rio, este fue el motivo de cambiarla de sitio.



Grupo de chabolas en el rio Turia, 1947 (Valencia)


3 comentarios:

  1. Trato de imaginar cómo sería estar esperando que termine la lluvia asilado en otro lugar, para luego volver a casa. Terrible, querido amigo.

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  2. Josan,son espantosas las lluvias e inundaciones, las he vivido, en otras condiciones pero son espantosas,el miedo que se siente,te leo y se eriza mi piel de imaginar,más con todo lo que has pasado desde que llegaste a este mundo,he vivido este capítulo,
    un abrazo
    floria

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  3. tienes mucha razon al decir que viviendo en el cauce del rio turia corriais mucho peligro. la historia lo demostro en 1957. con la gran riada de valencia. algunos periodicos o revistas que he podido ver a posteriori decia: A pie de foto. LA RIADA DE VALENCIA GANADA POR EL EJERCITO ESPAÑOL.B7

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