lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XIX. Para conseguir vivir con mi madre simule suicidarme.



Aunque el trato de Diego el guarda era correcto, mi corazón estaba muy triste por vivir separado de mi madre con una familia extraña y sin que nadie me viera lloraba mi  desgracia en silencio. 
Un día que Diego se ausentó de casa para ir de compras a  Huércal-Overa, y sabiendas que no regresaría hasta bien entrada la noche, aproveché la ocasión para cometer una falta y conseguir que me llevara con mi madre.
Recuerdo que sin motivo que justificara mi proceder salí corriendo hacia un terrero cercano de la vivienda, al mismo tiempo que corría vociferaba en voz alta que me precipitaba al vacio para suicidarme. Mujer e hijos del amo corrían detrás de mí para disuadirme de lo que pretendía hacer, un poco antes de la meta aminore la marcha para dejarme atrapar, lo que ellos ignoraban era que era un simulacro bien ideado por mi parte para que el dueño me condujera hacia la persona que más  amaba.
Aquella tarde, temiendo lo peor no me dejaron salir de casa para pactar el rebaño.
La peor parte vino al regresar el dueño y contarle mi anormal comportamiento, no obstante, era una buena persona y quiso perdonar mi acción, pero en aquel tiempo tenían unas ideas abstractas y anticuadas para conceder el perdón, y antes de llevarlo a cabo me dijo:
José Antonio, arrodíllate, pídeme perdón y bésame la mano.
Aquello para mí fue demasiado, aun conservaba recuerdos traumáticos vividos en el reformatorio de Valencia, y pensé que bastante tiempo había vivido de rodillas en aquella cárcel de niños para volver a caer otra vez en la misma situación. Como mi objetivo no era obtener su perdón sino, emprender el camino que me condujera hacia mi madre, con una voz que me salía de lo más profundo de mi corazón, dije gritando:
¡¡¡Jamás volveré a ponerme de rodillas ante nadie!!!
Ante la negativa de besar su mano para obtener su perdón, y muy a pesar suyo por el aprecio que me había tomado, al siguiente día me llevó con mi madre. Desde mis años vividos siento mucho la mala jugada que le hice a aquella buena familia, pues la verdad que no lo merecían, pero era el único camino que podía elegir para que me condujera hasta la persona que más quería y que el destino me negaba.
Tardemos en llegar unas dos horas, ya que la distancia era de unos trece kilómetros. El medio de transporte que utilicemos para viajar fue la burra, y a mí como siempre me toco ir andando.
Me gustaría comentar sobre este pasaje de mi vida, que reitero una vez más el aprecio que me tenía este hombre, pero su orgullo pesó más que su perdón, así que lo vi todo el camino triste, y en más de una ocasión, observé que utilizaba su pañuelo para secar las lágrimas que empañaban sus ojos, lo contrario de lo que yo sentí, pues viaje todo el camino feliz y no me importó ir andando mientras él fue montado en su burra.

 Las ruinas de la casa de mi madre en la actualidad

























   

3 comentarios:

  1. Bueno, eso de no ponerse de rodillas jamás ante nadie, debería ser como nuestro credo. Me dio mucha pena el amo que te apreciaba y al cual abandonaste. No obstante, era tu decisión. Saludos.

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  2. josan,te comprendo, te imagino después de un largo dia de fajina,por las noches abrazado a la almohada con tus ojitos cerrados recordando el rostro de tu madre,y mentalmente aspirar el olor de sus manos cuando te acariciaba y asi te abrazaria el sueño,como no simular cualquier locura con tal de volver junto a ella, estoy emocionada
    un abrazo
    floria

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  3. mala decision tomaste en aquel momento, las consecuencias pudieron ser muy duras, necesitaban de tu sustento para aliviar su carga, nunca pensate lo que podreia haber repercutido tu decision para tu madre. la policia podia tomar medidas ante un niño incumplidor, considerarte un rebelde ,un rojo . podian aplicarte un castigo sin mediar palabra

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