lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXXVII. De regreso a Barcelona


Paquita Sánchez
Después de que hablemos con Paquita fuimos conscientes que hicimos lo correcto evitando todo contacto con el narcotraficante, según manifestó era portador de un arma de fuego y en mi estado de nervios un encuentro con aquel hombre habría sido muy desafortunado para mí.
Nos despedimos de la dueña del hostal satisfechos por la recuperación de mi hija y nos dirigimos a la casa del tío Bernardo en Vélez-Rubio en la que también vivía mi madre.
Mi madre se extrañó de nuestra imprevista visita y pensó que algo malo nos había ocurrido, nosotros tratemos de tranquilizarla mintiéndole que habíamos pensado darle una sorpresa con la visita para no hacerla sufrir por nuestros problemas.
Estuvimos dos días en compañía de mi madre y mi tío Bernardo antes de irnos a Barcelona.
Nunca me gustó curiosear en el bolso de nadie, pero en este caso por la adicción que sufría mi hija no pude evitarlo, y efectivamente encontré lo que sospeché.
Muy enfadado y aprovechando que estábamos solos dije gritando, mira lo que hago con esta porquería que te está matando.
Espacié la droga sobre el suelo y la pisé repetitivamente para que se mezclara con la tierra. Aquella noche mi hija se puso muy enferma con temblores y quejándose. Le dije de avisar al médico pero rotundamente se negó diciendo que pronto se le pasaría.
Más tarde supe que su malestar se debió al mono que sufren los adictos a las drogas cuando le falta la dosis. Pero en aquellos años ignoraba todo lo relacionado con este odioso mundo, Estuvimos dos días con mi madre y regresamos de nuevo a Barcelona.
Llegamos a casa satisfechos de haberla recuperado y empezamos una vida normal con mi hija, estaba dispuesto acogerla de nuevo en mi casa y darle una oportunidad para rehacer su vida.
Poco duro mi ilusión, apenas llevaba una semana con nosotros cuando desapareció con su hijo dejándonos una nota escrita que decía, que no la buscáramos, que se iba de nuevo con el hombre que la separe en contra de su voluntad.
Quedamos muy afectados por su decisión y fuimos conscientes que todo el esfuerzo para apartarla de las garras de aquel indeseable no sirvió  para nada.
Tristes y desolados aceptamos su decisión y fuimos conscientes que nos encontrábamos en un callejón sin salida.
A la semana siguiente de abandonarnos apareció de nuevo en casa con el niño diciendo que era feliz y que disponía de mucho dinero, como prueba enseñó unos cuantos billetes de dólar.
Que llevara divisa americana me extrañó, pues en la época de la dictadura la gente humilde no utilizaba esta moneda. Esto me convenció más de que aquel sinvergüenza era un narcotraficante. Ante el panorama tan desagradable hice saber a mi hija que podía venir a casa con el niño todas las veces que quisiera, pero que no se le ocurriera traer al villano porque no deseaba conocerlo.
Durante el tiempo que estuvo con el narco continuó visitándonos todas las semanas hasta que ocurrió lo que era de esperar. Fue detenido y más tarde me enteré por mi hija que se había ahorcado en la cárcel.
Muerto el narco volvió a reconciliarse con Jesús María, pero enganchados los dos a las drogas les esperaba un futuro incierto y difícil de sostener.
 

1 comentario:

  1. josan,que triste y que impotencia frente a esa realidad, bueno ya es adulta conoce lo bueno y lo malo, la droga los transforman en seres irreconocible muchas veces ni por ellos mismos,hasta llegan a ser personas peligrosas, actuan bajo el efecto de ese glagelo,ni ellos se aman, es solo estar vigilante y más por tu nieto,imagino lo que deben de haber sufrido dedicar la vida al amor y la familia y de un momento para otro te lo cambian todo, pero eres fuerte y con experiencia de vida saldran adelante ,sigo atrapada a tu historia real
    un abrazo
    floria

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