lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XV. La cartilla de racionamiento



La cartilla de racionamiento en la posguerra la estableció el gobierno de Franco en todo el territorio nacional para que los españoles no murieran de hambre, para distribuir el racionamiento asignaban una cartilla a cada familia y la tienda para retirar lo que les pertenecía. La cantidad que distribuían estaba relacionada con el número de miembros y por cada artículo se quedaban un cupón de la famosa cartilla, pero había que pagar lo que les pertenecía y si no disponían de dinero de nada servían los cupones.
Los domingos y días festivos los que vivíamos en las chabolas asistíamos a misa la iglesia más cercana.
Una parte de todos los que asistíamos no lo hacíamos por fervor religioso, sino, con la esperanza de ser los afortunados en el sorteo de los panes, que el párroco sorteaba a los feligreses una vez finalizada la misa.
Con este proceder el párroco conseguía llenar la iglesia, ya que éramos muchos los que nos encontrábamos hambrientos y esperanzados de ser afortunados en llevar a casa el pan nuestro de cada día que aprendimos en la oración que nos enseñaron en el alberge.
Tengo que decir que en más de una ocasión fui afortunado en el sorteo y lleve a casa ese pan tan abundante en la actualidad y tan escaso en nuestra posguerra.
Mis hermanas mayores siguieron trabajando de empleadas de  hogar para mal comer y no perecer de hambre, pues con el dinero que ganaban pocos milagros podían hacer, ya que escasamente les llegaba para vestir. En cuanto a mí, creo que de seguir en Valencia más tiempo habría terminado siendo un delincuente por no controlar mis andadas nadie de mi familia, pues en mi vida rutinaria salía de casa por la mañana y no regresaba hasta la noche dedicando mi tiempo a buscar chatarra, como papel, metal y cobre que vendía para pagar el cine y algún capricho de niño. Igualmente me dedicaba a buscar colillas, ya que en aquella época era una forma más de ganarse la vida.
Para recogerlas del suelo usaba un palo con una punta clavada en un extremo y colilla que veía la pinchaba para introducirla en el saco, después las estriaba y sacaba el poco tabaco que quedaba, y cuando tenía cierta cantidad lo vendía al mejor postor.
Tenemos que tener en cuenta que una gran mayoría de los fumadores que habitaban en las chabolas no disponían de dinero para comprar tabaco y recurrían al de colillas más barato, mientras que yo aprovechaba la situación y sacaba unas pesetillas, con el dinero que obtenía, lo que le sisaba a mi madre, y la chatarra, no me faltaba para ir al cine y ver mis películas preferías de pistoleros.
Pero mi vida era un riesgo continuo y tuve suerte de no sufrir algún accidente, para desplazarme por Valencia y no pagar el pasaje lo hacía sentado en el parachoques del tranvía Nº 7 que tenía el trayecto de Ruzafa a Mislata.
Un poco antes de llegar a la parada  bajaba del tranvía en marcha y no me libraba de dar con la panza en el suelo alguna vez que otra.
También tenía especial precaución con la policía que los niños llamábamos los de la capa azul, estos detenían a los que deambulaban por las calles en horas lectivas y no podían justificar que tenían una familia para internarlos en el correccional. Por lo tanto, cuando veía alguno de ellos huía como alma que lleva el diablo.
Mi abuela materna durante el tiempo que estuvimos en valencia no dejo de escribirnos, en sus cartas pedía a mi madre desesperadamente que regresáramos, que se encontraba enferma y no podía cuidar a mi hermano, y aunque mi madre deseaba volver carecía de dinero para pagar los pasajes, valían cincuenta pesetas por persona y con lo que lograba mi madre no le llegaba ni para comer, así que tuvimos que seguir en Valencia un poco más de tiempo.

Cartilla de racionamiento












3 comentarios:

  1. Escaparte de la escuela fue una temeridad. Supongo que sería muy difícil mantenerse en la calle sin que nadie te sorprenda. Recuerdas algún cantante de esa época? Escuchaban radio?

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  2. Josan,imposible ir a clases,como todo niño necesitabas motivación y que te hicieran cumplir con tu deber,quien lo haría? tu madre pensando en susistir y sacarlos adelante y tus hermanas mendigando trabajo,solo DIOS guiaba tus dias y te protegia del peligro de estar en la calle todo el dia,sigo leyendote y te acompaño,
    un abrazo
    floria

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  3. creo que con el procedimiento de rifar pan en las iglesias, estas personas nunca alimentaron el alma de los hombres del mañana.solo aumentaron la picaresca española, malvenderse por un chusco. b7

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