lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XVIII. Diego el guarda

Pactando ovejas
Dando continuación al capítulo anterior del regreso a nuestra tierra de origen, el destino volvió de nuevo a interponerse en mi camino para separarme de mi madre, ni siquiera tuve la oportunidad de llegar a la casa de mi abuelo paterno del Bancalejo.
En aquel momento, tenía once años recién cumplidos, cuando un agricultor se enteró de nuestro regreso, como necesitaba un pastor para pactar su rebaño de ovejas se interesó por mí para prestarle el servicio. Este hombre vivía en Santopetar y era conocido con el sobrenombre de Diego el guarda, cerró el trato con mi madre a pesar de mi protesta, nuestra situación por falta de recursos no estaba para desaprovechar aquel trabajo fortuito. El sueldo pactado fue, mis servicios por la comida y veinte pesetas mensuales.
Mi madre y mis hermanas hasta que no encontraran un techo donde cobijarse no tuvieron otra alternativa que ir a vivir con mi abuelo paterno al Bancalejo.
Unos tres meses después de iniciar la convivencia surgieron las  desavenencias entre ambos.
Mi abuelo poco caritativo se negó a acoger en su casa a unos huéspedes aunque se trataba de la familia.
Finalmente, mi madre decidió que lo mejor para todos seria ir a vivir a la casa que heredamos, y que gracias a lo escriturado por mi abuelo no se vendió cuando nos fuimos a Valencia.
Pero aquella casa no reunía condiciones de habitabilidad, ya que  durante nuestra ausencia mi tío Mariano hermano de mi padre la había utilizado de corral para encerrar su rebaño de ovejas. Sin otra alternativa la limpiaron y se establecieron en ella.
Para sobrevivir trabajaron con algunos vecinos que necesitaban jornaleros para trabajar sus tierras y sembraron cereales en la parte de tierra heredada del abuelo.
De mi estancia con Diego el guarda, he de contar que no lo pasé del todo mal, ya que aquella familia me llegó a tener cariño, el trato que recibí fue más bien familiar, incluso me compraron una cartilla para que siguiera leyendo y que no se me olvidara lo que aprendí en el reformatorio. Sin embargo, mi alimentación no fue la que hubiera deseado, la situación económica de aquella familia no era buena, por lo que seguí pasando hambre, aunque mucho menos que en Valencia. 
Mi hermano Domingo continúo con mi tío José Antonio para trabajar la tierra a pesar de su corta edad, pues mis tíos tenían solo hijas y prefirieron a su sobrino para realizar las labores en su tierra sin importarle que tuviera solo nueve años. 
Por un periodo de tiempo fue quien le saco las castañas del fuego como se suele decir, y todo por un plato de comida y poco más, agravándose más su situación por los maltratos físicos y psicológicos por parte de este, y desde que tenía cinco le falto el calor y disfrute de una madre que los niños deben tener, como comente en un capitulo anterior se quedo en Santopetar al cuidado de mi abuela materna cuando nos fuimos a Valencia. 
Mi hermana María Dolores, siguió trabajando de empleada de hogar en Valencia con la madre de un cura, pero con tan mala suerte que enfermo de tuberculosis.
Aquella gente sin escrúpulo trató de quitarse el problema de encima alegando que estaba enferma cuando la contrataron, y sin un mínimo de conciencia se propusieron a toda costa despedirla.
Gracias a la intervención de una hermana de la caridad no fue abandonada a su suerte con aquella terrible enfermedad. La buena mujer utilizo todos los medios a su alcance para que ingresara en un sanatorio en Porta coeli (Valencia) Y en la más completa soledad y con fortaleza logro vencer aquella terrible enfermedad que tanto abundaba en aquella época en España.
Desde este capítulo de mis memorias quiero rendirle homenaje póstumo y decirle que la amo, que seguirá viviendo para siempre en mi corazón, en mi alma y en mis sentimientos, porque el amor es inmortal y jamás podrá morir. 

Mi hermana Mariadolores la del abrigo a la izquierda






2 comentarios:

  1. JOSAN,si que fortaleza la de tu hermana y de toda tu familia incluido tu,un ejenplo de de sobrevivencia maravillosa,
    un abrazo
    floria

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