lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXIII. Mi primo Mariano




Mi estancia pastoreando rebaños de ovejas con los que me explotaban siendo todavía niño era relativamente corta, la mayoría de veces no aguantaba más de seis meses con el mismo amo, ya que aparte de sufrir constantes humillaciones añoraba vivir con mi madre y daba lugar a que surgieran desavenencias entre ambos para mi despido, qué, de realizarse, lo agradecía a sabiendas que era el único camino que me podía conducir hasta ella.
Mi rebeldía ante aquellos explotadores de niños llegó a ocasionarme problemas para encontrar trabajo, hasta llegar el extremo de no querer contratarme nadie de aquella comarca, pero hay un dicho que dice, ¡¡¡Qué Dios aprieta pero no ahoga!!!  En mi caso fue bien acertado al solucionar mi problema mi primo  Mariano.
Mariano era hijo del tío Bernardo, pero por desavenencias con su padre  desapareció sin dejar rastro y le dieron  por muerto.
No sé qué se puede sentir cuando un hijo se da por muerto y después de cinco años vuelve aparecer ante su padre, pero pienso que debe de ser maravilloso si de verdad lo quiere, sin embargo, su padre apenas le  causó impresión, le dio un beso de bienvenida y poco más.
Con mi primo llegamos a compenetrarnos bien y juntos vivimos algunas aventuras en nuestra niñez, aunque he de decir que fueron más bien desgraciadas que afortunadas.
Consciente mi primo en la dificultad que tenía en la comarca para encontrar trabajo por la mala fama que me daban sugirió a mi madre que me fuera al Puerto Lumbreras donde trabajaba, que en dicha localidad conocía a una familia que buscaba un pastor para su rebaño de ovejas.
Con permiso de mi madre y las ganas que tenía en ir con mi primo emprendimos viaje de madrugada alejándonos de la jurisdicción de Taberno unos treinta y ocho km. En aquel momento tenía trece años y deseaba que me acompañara la suerte.
El transporte que utilicemos para realizar aquel largo viaje fueron nuestras piernas, por lo que llegamos bien entrada la tarde, gracias a que conocían a mi primo no surgió ningún problema para encontrar empleo, y aunque no era de mi agrado lo pase mejor que en sitios anteriores, la comida era más abundante y el salario mejor remunerado. Del trato tampoco me podía quejar, excepto que mi dormitorio siguió siendo el pajar.
La relación con mi primo era casi de hermanos y algunos domingos nos íbamos al cine al pueblo de Puerto Lumbreras.
Llevaba ocho meses de pastor en aquel lugar cuando decidí realizar un viaje para ver a mi madre, le consulte a mi primo si deseaba acompañarme y quedamos los dos de acuerdo, por supuesto siempre dependiendo que nos dieran permiso los amos, tuvimos suerte y nos dieron una semana de permiso.
Alquilamos dos bicicletas y emprendimos viaje hacia la casa de nuestros padres.






2 comentarios:

  1. Josan, vas en pregreso ya te empezaste a defender y tratar de pasar lo mejor que se podia ,de acuerdo a lo que se te iba proporcionando,, aa y las armas gracias a DIOS,se rompió el negocio,porque las armas las carga el diablo aunque sin municiones te las ingeniaste para darle uso, y el pobre pajarito ,que me imagino será lo que aca llamamos canaritos ,que son muy cantores,bueno te salvaste y que importa que las culpas las llevaran los hijos de Mariano, vaya una por tantas, un abrazo
    floria

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  2. los niños son inconcientes por naturaleza, tus actos en esta ocasion,son creativos pero imprudentes. pero como todas las perdsonas queremos tener lo que otros poseen.puede ser que de esta esperiencia saliera algo positivo

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