lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXVI. Un viaje de poca cordura. Año 1950


Llevaba más de dos meses con mi madre por falta de trabajo y me aburría tanto de no hacer nada que mi subconsciente no paraba de pensar, la idea que se me ocurrió fue la más absurda que se puede uno imaginar y me explico.
En aquel entonces tenía catorce años y durante el tiempo que estuve trabajando en Lorca, había observado que mi antiguo amo tenía un viejo revólver en el desván y me pregunte a mí mismo, José Antonio, ahora que dispones de tiempo, porque no viajas a Lorca y robas el viejo revólver a tu ex patrón?-El nunca sabrá  que fuiste tú y podrás tener un revolver como los que utilizan los pistoleros de las películas del oeste.
La idea que circulaba en mi cabeza era casi de locura, pero en aquel momento de desmotivación e incertidumbre en mi vida fue lo único que se me ocurrió, no lo pensé más y mentí a mi madre que iba de nuevo en busca de un trabajo a Lorca.
Desde la distancia de mis años vividos pienso en la poca cordura para llevar a cabo semejante barbaridad, sin importarme tener que andar cincuenta kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, y todo para robar un viejo revólver inservible a mi antiguo amo. Además, era el pago que daba a un buen hombre que por primera vez me trató como persona.
Emprendí el camino antes del amanecer y llegué bien entrada la noche sin poder evitar que afloraran las ampollas en mis pies, para dormir utilice un pequeño pajar que había separado de la casa y antes de que saliera el sol estaba despierto vigilando la puerta de casa: cuando vi salir a mi ex patrón al trabajo aproveché la ocasión y entre procurando hacer el menor ruido posible.
Sin pérdida de tiempo me dirigí al desván y me apoderé del arma abandonando la casa de inmediato.
A pesar de que la pobre Sra. era ciega tenía el oído muy fino y no dejaba de preguntar:
-¿Quién anda ahí? ¿Quién anda ahí?
Si la llegada a Lorca andado fue penosa, el regreso a casa fue mucho peor.
Me encontraba a mitad de camino cuando cayó sobre mí la noche oscura  sin luna, con los pies doloridos por reventarse las ampollas de tanto andar me acosté sobre el suelo frio de un ribazo hasta el día siguiente.
Entre el frio y el miedo a la oscuridad no pude conciliar el sueño en toda la noche.
Recién salido el sol intenté seguir de nuevo el camino con un dolor en los pies difícil de soportar, y me arrepentí de haber realizado aquel viaje inútil, pero el mal estaba hecho y había que llegar a casa como fuera. Al final lo logre pero en un estado lamentable.
Casi llorando por el dolor mentí a mi madre que no había encontrado trabajo y había tenido que volver a casa.
Seguí por un corto período de tiempo en casa sin trabajar y me encontraba desmotivado, pastorear ovejas no me agradaba y mi mente no dejaba de pensar cómo librarme de aquella explotación inhumana para un niño, con un mísero salario que no llegaba ni para comprar una camisa. Había sufrido demasiados abusos en mi niñez y me opuse a sufrirlos más tiempo. Me di cuenta que no encajaba en aquel entorno y me propuse usar los medios a mi alcance para salir de aquel mundo sin formación y sin futuro.










1 comentario:

  1. jOSAN, SERÁ EL FRUTO DE TANTO AL TRATO QUE SE TE OCURRIÓ ROBAR,Y UN ARMA VIEJA,PARA QUE TE PODRIA SERVIR, NO ROBASTE CUANDO PASABAS HAMBRE A GRANEL Y SE TE OCURRIÓ UN ARMA, HOY NO ENTIENDO QUE PASÓ POR TU MENTE , PERO A LA VEZ PIENSO.. ARTO DE TANTA INJUSTICIA,NOS PUEDE LLEVAR A HACER CUALQUIER COSA, ESPERO QUE HAYA SIGO SOLO UN ANTOJO INCONTROLABLE Y QUE SIGAS TAN BUENO ERES UN ABRAZO
    FLORIA

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