lunes, 6 de septiembre de 2010

Capítulo XXV. En busca de un futuro mejor


Ante la falta de trabajo en zonas rurales de Taberno y Velez-Rubio tomé la decisión de desplazarme a la localidad murciana de Lorca, pues se comentaba que era más fácil de encontrar y estaba mejor reenumerado.
En principio mi madre se opuso porque quedaba demasiado lejos de donde vivíamos, pero no dejé de insistir hasta conseguir que cediera. 
Llegó el día de partir y me despedí de mi madre.
Esta vez no viaje andando por disponer de dinero que me dio para que pagara el pasaje.
Subí al autobús en Vélez-Rubio hacia los aledaños rurales de Lorca con la esperanza de que la suerte me acompañara (cuarenta y cinco kilómetros).
A siete kilómetros de la ciudad en camino de Cartagena, Diputación de Tercia encontré un nuevo patrón y lo mejor para mí, que no tendría que pactar un rebaño de ovejas.
Mi nuevo amo y esposa eran mayores y tenía un hijo casado que visitaba a sus padres en raras ocasiones.
La  esposa era ciega y estaba imposibilitada para las labores del hogar. Sin embargo, el problema quedaba solventado en parte con ayuda de una sobrina que venía tres o cuatro días a la semana. Desde luego no gratuito, pues cobraba las horas que trabajaba en casa de su tío.
Mi trabajo consistía en realizar labores del campo, como labrar la tierra, recolectar hortalizas, tomates, pimientos y melones para llevarlos a Lorca y venderlos al mejor postor.
El trato recibido por parte de aquel hombre era muy familiar y por segunda vez en mi vida me encontré feliz.
El inconveniente era el acoso que llevaba a cabo su sobrina a un niño que apenas había cumplido catorce años, mientras que ella se encontraba en una edad aproximada de veinte, transcurría el tiempo y el acoso no cesaba, al contrario, iba cada día a más, hasta llegar a una situación incómoda para mí por diferencia de edad entre ambos, con la particularidad que era un niño muy tímido, y sus palabras siempre eran las mismas, ¡¡¡El que no es hombre para satisfacer a una mujer a los quince años tampoco lo es de veinte!!!
Llegue a odiar tanto a aquella chica que con solo su presencia me sentía desmotivado, por lo que llegue a tomar la determinación de pedir al dueño que la despidiera, desde luego omitiendo el verdadero motivo al cambiarlo por incompatibilidad de caracteres entre ambos, el trato por todos los medios que hiciéramos las paces por el aprecio que me tenia, pero no quise dar mi brazo a torcer, ante mi negativa a una reconciliación y al tratarse de su sobrina el despedido fui yo.
Visto desde la distancia pienso que aquel hombre obro correctamente, no obstante, el único perjudicado fui yo, pues una vez que encontré un trabajo de mi agrado, un buen trato familiar y satisfecho en la alimentación, por culpa de su sobrina perdí lo mejor que había tenido hasta aquella fecha, aunque me queda el convencimiento que hice lo correcto no delatando aquella chica, que a pesar de todo eran tío y sobrina, mientras que yo era un extraño sin derecho a interceder en la convivencia familiar.
Me despedí amigablemente de mi patrón y subí al autobús que me condujo a Vélez-Rubio, y aproveche de paso para visitar a mis hermanas que continuaban trabajando de camareras en el Merendero de dicha localidad.
En esta ocasión tuve que hacer el camino andando hasta el Bancalejo, localidad donde se encontraba la casa de mi madre, unas dos horas y media de camino.
Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga, y efectivamente aproveche la ocasión para disfrutar unos cuantos días de descanso con mi madre que era lo que más deseaba.
Mi hermana Isabel cansada de la explotación en el pueblo con un mísero salario de cien ptas mensuales, decidió probar suerte en Barcelona convencida de obtener un mejor salario.
Efectivamente que lo consiguió, pues de las cien que cobraba anteriormente pasó a las cuatrocientas. No tardaron en seguir sus pasos mis otras hermanas, Ma Dolores y Rosa, pues de seguir en el pueblo les esperaba un futuro incierto.
Por lo tanto, su residencia definitiva la fijaron en Barcelona, Isabel se caso y tuvo descendencia.
Mi hermano Domingo siguió trabajando con mi tío José Antonio unos cuantos años más.
De nuevo, y por un corto periodo de tiempo volví a pactar ovejas en mi comarca con distintos Amos.
Todos los que me explotaron siendo aún niño consiguieron que cambiara mi carácter volviéndome rebelde e inconformista, merodeaba de aquí para allá y no veía futuro por ninguna parte, ante mi oposición al vasallaje se abstenían de darme trabajo, y no lograba encontrarlo en ninguna parte, aunque a decir verdad tampoco tenía interés en encontrarlo.
Sin embargo, mi madre no opinaba igual y siempre insistía que no podía estar sin trabajar, creo que tenía mucha razón, la economía no daba para más.







1 comentario:

  1. Josan'? quizás la sobrina no se sentiria atraida por ti y tu en tu capricho de salir con la tuya no te dabas cuenta'? ya eras jovencito, que lástima seguimos penando, y siempre volviendo aL terruño y al lado de tu mamá.. que hijo JOSAN,, COMO POCOS,
    UN ABRAZO
    FLORIA

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