lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXVII. Mi ingreso en la marina.



Arto de que me explotaran personas sin escrúpulo a cambio de casi nada y a sabiendas que a la edad de quince años tenía la posibilidad de ingresar de corneta en Infantería de Marina, pedí permiso a mi madre empecé a gestionar la documentación necesaria  para ingresar en la referida institución militar.
Aprobada mi solicitud, ingrese como Educando de banda el 26 de agosto del año 1953 en Cartagena y firme un contrato de cuatro años que tendría que cumplir con todas las de la ley.
La disciplina en la marina era rígida, aunque menos que en el reformatorio de Valencia.
En aquel tiempo la insubordinación a un superior se castigaba en el acto en las fuerzas armadas, y los que fuimos militares con Franco sabemos cómo funcionaba el ejército, pues por muy poco motivo nos pegaban dos guantazos sin derecho a reclamar, lo más humillante que, después de recibir la agresión en posición de firme había que saludar al maltratador:
¡¡¡Manda alguna cosa más mi sargento!!!
Degradante verdad…
Disfrutaba dos permisos al año: treinta días en verano y quince en Navidad. Desde luego condicionados con la buena conducta, pues un acto de indisciplina era suficiente para suprimir los permisos.
De nuevo como era habitual en mi precaria vida me persiguió el hambre, exceptuando cundo mi madre podía mandarme algún paquete de comida en aquellos tiempos de miseria.
Después de aprender a tocar la corneta seguí durante un año en el cuartel hasta que fui destinado al buque de guerra Crucero Miguel de Cervantes, estando embarcado en aquel barco tuve la suerte de ver a mis hermanas en Barcelona.
En una visita a España del dictador Rafael Leónidas Trujillo de la Republica Dominicana, Franco como cortesía le ofreció uno de los Buques de guerra- Crucero Miguel de Cervantes-para trasladarse al vaticano y entrevistarse con el padre santo de Roma Pio XII.
Nos hicimos a la mar desde Cartagena con rumbo hacia Barcelona, ciudad que tenía que embarcar Trujillo.
Durante mi estancia en Barcelona disfrute tres la compañía de mis hermanas, que cierto hacía tiempo que no las veía, me enseñaron la ciudad que me cautivó por su grandeza y belleza.
A los tres días se presentó Franco con su escolta acompañado por Trujillo.
Después de Rendirle los honores correspondientes y despedirse del general Franco, subió a bordo y zarpamos con rumbo a Nápoles, ciudad que tenía que desembarcar para trasladarse al Vaticano.
En Nápoles estuvimos dos días y tuve la oportunidad de conocer y disfrutar las maravillas de esta ciudad con el volcán Vesubio al fondo.
A su regresó del Vaticano volvió a embarcar para regresar a Cádiz donde le esperaba una flotilla de buques de guerra de su país.
La disciplina en el barco también era dura, aunque tengo que decir que me encontraba mejor que en el cuartel.
Cuando cumplí dieciocho años, solicite la baja en la banda de cornetas para jurar bandera que, era la edad reglamentaria para tener acceso a las armas y labrarme un porvenir.
Aprobada la solicitud desembarqué en el cuartel y me encontré con mi hermano Domingo, que influenciado por mi tío José Antonio se alisto de corneta en la marina y estuvimos unos meses juntos.

Antiguo Crucero Miguel de Cervantes.
 
De izquierda a derecha, una amiga, mis hermanas Isabel y Rosa
Contralmirante español Joaquín Cervera y el general Trujillo







1 comentario:

  1. josan ,gracias a Dios se encamina tu vida,ver de nuevo a tus hermanas pero con otro panorama disfrutando,y viajar, conocer lugares ,Napoles con su volcan de guadaespala que maravilla,ya empieza tu felicidad y nueva vida ,te felicito por el deseo de superación permanente en ti
    un abrazo
    floria

    ResponderEliminar