lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXXVI. Mi lucha por sacar a mi hija del mundo de la droga.




Paquita en una de sus actuaciones
Con Paquita sufrimos un verdadero calvario durante muchos años.
Aconteció que Jesús María, así se llama el esposo de mi hija, se presentó en mi casa para notificar que mi hija se inyectaba heroína y que un narco la había raptado con el niño.
Imposible describir con palabras el sufrimiento que nos produjo aquella noticia, desolados denunciemos los hechos y fuimos informados por la policía de la gravedad que se encontraba mi hija.
Según nos informaron, Jesús María estaba enganchado a la heroína desde hacía años y posiblemente era el causante de la adicción de Paquita.
 A falta de dinero para satisfacer su adicción mi hija determino irse con el narco para asegurar la dosis diaria.
Pasamos una semana horrorosas al no saber en qué lugar se encontraba ni el límite de gravedad.
Siendo sabedor de que Jesús María seguía en contacto con mi hija le pedí de favor que le dijera que nos llamara para saber cómo se encontraba.
A los ocho días de desaparecer sobre las veintiuna horas sonó el teléfono, por fin pudimos escuchar su ansiada voz. Se encontraba en la provincia de Almería, un pueblo pequeño de la comarca de Los Vélez llamado María. Después de hablar con mi hija intuí que se podría encontrar en un grave peligro y de mutuo acuerdo con mi esposa acordamos realizar un viaje relámpago para rescatarla de las garras de aquel villano.
Mientras tanto, dejemos algunos de nuestros hijos con mi vecina Fabiana que desinteresadamente se ofreció para ayudar.
Todo fue precipitado, pero una fuerza en mi interior me decía que estaba haciendo lo correcto. ¡Yo no podía dejar a mi hija en manos de aquel mal nacido! Y por encima de todo me propuse sacarla de la maldita droga que odio desde lo más profundo de mi alma.
Sobre las veintiuna horas subimos al coche y pusimos dirección a Almería llevándonos con nosotros a mis hijos Jorge y Alejandro.
Este precipitado viaje tenía por objetivo llegar al pueblo que estaba mi hija antes de que amaneciera, ya que según dijo por teléfono a la mañana siguiente se iban a Granada.
Pisé a fondo el acelerador e hice una única parada para repostar gasolina  y tomar un café, pues la distancia a recorrer eran setecientos kilómetros y si quería llegar antes de que se fueran tendría que correr lo que el coche me permitiera.
A las ocho de la mañana llegamos al pueblo que me dirigía, y previamente tuve la precaución de informarme de la marca y matrícula del coche de aquel indeseable, Renault 5 blanco matrícula de Barcelona.
María es un pequeño pueblo y tardé poco tiempo en encontrar su coche en el aparcamiento de un hostal, entramos y nos dirigimos directamente hacia una señora que vimos en la barra, le preguntemos discretamente si se alojaban allí una pareja con un niño pequeño.
La mujer, que resultó ser la dueña, respondió afirmativamente,  nervioso y alterado le pregunté si se había informado de la identidad de la persona que había alojado en su hostal. Le informe que era un traficante de drogas muy peligroso y que se había llevado engañada a mi hija con el niño, que había venido expresamente desde Barcelona a llevármela y que estaba dispuesto a enfrentarme con él si era necesario para conseguirlo, pero no obstante, avisaría a la Guardia Civil para que lo detuviera.
La dueña ante mi nerviosismo trató por todos los medios que me calmara. Nos invitó a tomar un café y hablar tranquilamente del tema para intentar solucionarlo de la mejor forma posible.
Según la mujer debía de evitar el escándalo en su negocio por depender de su clientela y lo que pretendía hacer al tratarse de un pueblo pequeño sería muy negativo para ella.
Me propuso que avisaría a mi hija que sus padres habían venido de Barcelona a por ella para ayudarla.
Por mi parte un poco más relajado decidí seguir su consejo y esperar que avisara a mi hija.
Pensé que si estaba dispuesta a venirse con nosotros evitaríamos muchos problemas, al fin o al cabo lo único que me interesaba era recuperar a mí hija y al niño. Poco después la vi bajar por unas escaleras portando unos bolsos de viaje con el niño en brazos.
Nos beso sonriendo con un simple hola como si nada hubiera pasado y dijo, vamos a casa…

 

 

 

1 comentario:

  1. josan,es un problema que va en aumento por lo menos en mi pais ..la droga..y son los jovenes los que la consumen y jovenes como tu hija bien criadas, caen sin saber el daño que se hacen,tuvieron suerte, que buena es Paquita,o será el amor que recibió desde su nacimiento, que imagino estaria bajo el efecto de la droga, no se reveló y se fue con ustedes donde nunca tendría que haber se ido, está atrapante la lectura, es que eso se está viviendo en mi pais..ya es más que preocupante la vida de ciertos adolescentes.ojala todo se recupere ,sigo junto a ti
    un abrazo
    floria

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