lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXXIII. El Nacimiento de Nuestros Hijos.1960-1988


Nos preparamos para recibir a nuestra hija y le asignaron a mi esposa la comadrona en el pueblo de Ripollet.
En aquel tiempo y siempre que no existiera peligro para la madre el niño nacía en su casa con la asistencia de una comadrona, en nuestro caso los problemas afectaron hasta en el nacimiento de nuestro bebe.
El día cuatro de noviembre sobre las veinte horas mi esposa empezó con dolores de parto, con tan mala suerte que al mismo tiempo se originó una enorme tormenta similar a la que nos dejó tan malos recuerdos, con la particularidad de que el piso estaba situado a las afueras del pueblo y no disponíamos de teléfono ni coche, y aún empeoro más nuestra situación al quedarnos sin fluido eléctrico y tener que alumbrarnos con velas.
Mi esposa seguía sufriendo fuertes dolores y yo sin saber que determinar, finalmente decidí dejarla con mi suegra y una vecina que se ofreció para ayudar mientras iba en busca de la comadrona.
Ésta vivía al otro lado del río, unos tres kilómetros de mi casa.
Cuando llegue al rio que tenía que cruzar para ir a por la comadrona me quede desorientado, el puente se lo  había llevado el agua.
Retrocedí para reflexionar y en aquel mismo momento me acorde de otra comadrona que vivía en mi misma localidad, y pensé, que aunque no era la asignada a mi esposa si le explicaba la situación posiblemente la podría atender.
Sin saber en qué calle que vivía y lloviendo a raudales busqué a la deriva la casa de aquella señora.
Finalmente la encontré y no cejé de golpear la puerta hasta que obtuve respuesta, desde una de las ventanas gritó en voz alta qué si estaba loco y qué demonios me pasaba.
Pedí disculpas por mi proceder y le rogué encarecidamente que ayudara a mi esposa que se encontraba de parto. Después de escuchar mis suplicas se predispuso ayudarnos y mando que buscara un taxi para desplazarnos. Lo intenté pero fue imposible con la lluvia que estaba cayendo, contando que los taxis que había en aquella época en la localidad eran muy pocos.
Finalmente, la comadrona llamó a un taxi desde el teléfono de su casa y no tardó en presentarse.
Nos dirigimos a casa temiendo lo peor por la falta de asistencia cualificada para atender a mi esposa, aparte de la buena fe de mi suegra y la vecina.
La comadrona le ordenó al taxista que esperara en la calle hasta nueva orden, después de reconocerla y al ver que no disponíamos de agua ni luz eléctrica determinó, que para evitar males mayores la llevaríamos al Hospital Clínico de Barcelona.
Pero no fue tan sencillo, las calles de las viviendas no estaban asfaltadas y el coche se había atascado, el taxista enfadado por el mal estado que se encontraba la calle, me pidió un pico y una pala para echar tierra delante de las ruedas delanteras e intentar sacar el coche de aquel barrizal.
Al carecer de tales herramientas desesperado me dirigí lo más deprisa posible a la fábrica, que precisamente se encontraba a escasos metros de casa. Me dejaron todo lo necesario y finalmente logramos sacar el coche para dirigirnos al hospital.
Aparte de este contratiempo todo fue bien, y mi hija Isabel vio la luz por primera vez el día cinco de noviembre de 1962.
Era una niña preciosa y vino para alegrarnos la vida y  sacarnos de la tristeza que hasta la fecha nos había acompañado.
Fue pasando el tiempo y siendo conscientes que a Isabel le faltaba una hermanita para compartir sus juegos, escribimos de nuevo a la cigüeña y nuestros deseos fueron complacidos.
 El doce de enero del año 1964 a las cuatro de la mañana con tan solo una diferencia de edad de catorce meses vino Paquita, otra niña que vino para alegrarnos la vida.
Isabel era preciosa pero Paquita no se quedaba atrás, para nosotros eran dos niñas guapísimas.
 Pasamos unos cuantos años de felicidad y la economía iba bien gracias a la suerte de trabajar en una buena empresa, al fin la ilusión hizo acto de presencia en mi casa.
 Saqué el permiso de conducir y compramos un coche y televisión ¡Un lujo en aquel tiempo! Así que de aquellos años no podríamos quejarnos.
Los veranos en vacaciones cogíamos nuestro coche e íbamos a nuestra tierra (Almería) alternando los días de disfrute entre la casa de mi suegra y de mi madre. En uno de aquellos viajes se vino con nosotros mi cuñada Adelina hermana de mi esposa.
En aquel tiempo tenía siete años y estuvo una temporada con nosotros.
Al final le entro ganas de volver con su madre y aprovechó un viaje de mi hermana Rosa para regresar al lado de su mamá.
Quedaba claro que nuestra familia iba a ser numerosa, a los dos años del nacimiento de Paquita la cigüeña nos trajo de nuevo un niño. El doce de julio del año 1966 a las siete de la mañana nació mi hijo Juan José.
Igual que con Isabel y Paquita su venida al mundo nos lleno de nuevo de satisfacción, y gracias a Dios criábamos a nuestros hijos sin privaciones.
El año mil novecientos sesenta y siete recibimos un telegrama de mi suegra que su esposo estaba grave, preparamos el viaje de mi esposa y cuando llegó habían enterrado a su padre.
Mi suegra quedó muy afectada, tendría que hacer frente a años difíciles, con la economía por los suelos e hijos pequeños a su cargo.
Un refrán que dice Dios aprieta pero no ahoga, en su caso fue acertado al conocer a José.
José vivía en Andorra y en dicha localidad formaron pareja durante unos veinticinco años. Con José la vida de mi suegra dio un giro de 180 grados y hasta el fallecimiento de su pareja pudo vivir años de felicidad y progreso.
El día 6 de marzo de 1970 a las 22:45, la cigüeña fue de nuevo generosa, en este caso nos dejó un niño y le pusimos de nombre Jorge.
De siete miembros de familia pasemos a ser ocho, e igualmente seguimos viviendo con holgura, como dice un dicho, donde comen cinco lo pueden hacer seis…

 


 

1 comentario:

  1. josan,por fin llegó la dicha a vuestras vidas, ahora si el refran"cada hijo viene con un pan bajo el brazo" nace ISABEL,escorpiana buen signo para cominenzo de una hermosa famila,pero con matices de tristeza la muerte de tu suegro por lo que leo joven aún,es el destino,como tu suegra reace su vida y con mucha suerte para todos,sigue la cigueña regalando alegria, todos los hijos saludables ,trabajo bueno y seguro una compañera ejemplar, empezas a disfrutar la vida,hoy ha sido una lectura plena, llegué a lo que he estado esperando la felicidad
    un abrazo
    floria

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