lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXXV. El comienzo de un nuevo calvario. 1975


A Paquita le encantaba tocar la guitarra flamenca y lo tomó tan en serio que en poco tiempo se convirtió en niña prodigio, pues antes del año de aprendizaje con tan solo trece años fue nombrada guitarrista oficial en la casa de Andalucía de Mataró.
Mi hija creó en nosotros una gran ilusión, no porque dominara el arte de la guitarra, sino por el amor que en todo momento manifestó a sus padres y hermanos. 
En el aspecto profesional mejoraba vertiginosamente hasta el extremo de no poder atender todos los compromisos por falta de tiempo.
En sus desplazamientos para actuar casi siempre acompañaba a mi hija y cuando la aplaudían mi corazón se descontrolaba de emoción.
Pero igual que nos ilusionó nos causo sufrimiento durante muchos años y en mayor medida a sus padres.
Como teníamos coche aprovechábamos los días de descanso para irnos a la playa.
Uno de los domingos que decidimos ir a la playa mi esposa se encontraba en la cocina preparando algo de comida para llevar.
En aquel momento llamó a la puerta una vecina mayor que vivía en el segundo piso con su hijo, con aquella señora teníamos una relación de amistad casi familiar ya que era de nuestra tierra. La pobre mujer estaba depresiva desde hacía años y determinó que desde el quinto piso lo que se había propuesto le saldría mejor que del primero donde vivía.
Le abrimos la puerta invitándola a que pasara y le preguntó a mi esposa si le dejaba ver las plantas, nada nos extrañó porque le gustaban mucho las flores.
Amablemente mi esposa le abrió la puerta del balcón y la dejó sola para seguir organizando el viaje.
De repente Paquita empezó a gritar muy nerviosa, desorientados ante su anormal comportamiento le preguntamos el porqué de aquel ataque de histeria, pero no podía pronunciar palabra y seguía gritando, después que le dimos unos golpecitos en la espalda balbuceó:
La señora Isabel se ha precipitado al vacío desde el balcón.
 Por unos segundos quedamos horrorizados sin poder pronunciar palabra.
Finalmente cuando reaccioné salí al balcón y vi a la señora Isabel tumbada sobre la cera.
Angustiado y nervioso bajé las escaleras a toda prisa por no disponer de ascensor, cuando llegue observé que todavía movía los ojos.
Avisamos a una ambulancia pero era demasiado tarde, estaba muerta.
¡Menudo problema que nos había traído aquella mujer eligiendo mi casa para suicidarse!
Aparte del trauma que sufrimos suicidándose en mi casa tuvimos suerte de que la tragedia no nos perjudicara ante la justicia, pues su hijo que era para nosotros como de la familia declaró en el juzgado que posiblemente su madre tenía previsto suicidarse, ya que el día anterior visitó a toda su familia, como si pretendiera despedirse dándoles el ultimo adiós.
 Fueron pasando años y Paquita tenia dieciséis cuando conoció al hombre causante de cambiar el rumbo de su vida y no para bien.
En principio, traté de aconsejar a mi hija que terminara su relación con su novio a sabiendas de que frecuentaba el mundo de las drogas, pero mis consejos como padre fueron inútiles y cayeron en saco roto.
Ante la imposibilidad de apartar a mi hija de aquel sinvergüenza terminé por aceptar la relación, incluso nos acompañaba en mi coche cada vez que llevaba a mi hija para actuar en los festivales que antes referí.
En una de las actuaciones cuando había finalizado el festival un señor se dirigió a mí y me dijo:
Haga usted el favor de ir a los aseos que creo que su hija tiene problemas.
De inmediato me dirigí al servicio y vi a mi hija llorando mientras que su novio la insultaba con palabras obscenas que preferiría no reflejar aquí.
Al ver el panorama tan nefasto no pude contenerme y agredí a su novio, pues como padre no pude consentir que insultara a mi hija con palabras soeces y menos que le agrediera.
Todo nervioso me confesó que la había embarazado. Era lo que menos esperaba, fue como una bomba de relojería para mí, creí volverme loco y fue cuando de verdad le agredí fuerte.
No pude controlar la adrenalina que afloraba en mi desde hacia tiempo. Soy consciente de que obre mal, pero en aquel momento no fui dueño de mis actos.
Más tarde se casaron y buscaron una vivienda en alquiler, pero con el despilfarro que llevaban a cabo no veía estabilidad  en su matrimonio. En los trabajos que encontraba no solía durar mucho tiempo y los honorarios que cobraba mi hija en sus actuaciones no eran suficientes. Sabía que tarde o temprano pasaría lo que era de esperar su disolución. El día dos de agosto del año 1981 mi hija tuvo el hijo que esperaba y le pusieron de nombre Israel.

 

 


 

1 comentario:

  1. Josan, que triste después de tener una hermosa familia, pasar por lo que pasaron,es que los padres no queremos asimilar que los hijos no son nuestros,son de la vida,y en los caminos se encuentra de todo,y más chicas bien criadas con buenos ejemplos, ignoran lo malo del mundo.y es cuando son engañadas a travez del amor sano de su parte,los tipos asi existen hasta estos tiempos,te diré que aún más,siempre buscan la inocencia para sacar redito de ellas,por lógica el fracaso era eminente,después de pasado el esta de enamoramiento,eran como al agua y el aceite,por suerte para ella contó con vuestra protección, aunque les causó mucho sufrimiento, y lo de la vecina,ella tomó la decisición sobre su vida lástima que en vuestra casa,y lo más positivo ese nieto que habrá servido de consuelo para vuestra hija y tu , sigo junto a tu vida
    un abrazo
    floria

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