lunes, 6 de septiembre de 2010

SEGUNDA PARTE. Capitulo XXIX. En un permiso conocí el amor de mi vida. 1958


Una noche vieja llegué a mi casa con un permiso concedido por la marina, lo que no esperaba era encontrarme la puerta de mi casa cerrada y mi madre ausente, hacía frío y  me dirigí a la casa de una nueva vecina de mi madre para esperar su regreso. Me hicieron un buen recibimiento y me invitaron a cenar, lo que agradecí mucho por encontrarme  hambriento.
Pero lo que más llamó mi atención de la casa fue la hija de aquella mujer, que a sus quince años fue causa de que se dislocara mi corazón y pensé:
Si esta zagala me quiere será la madre de mis hijos.
Mi amor fue correspondido y nos casamos al poco tiempo. Lo negativo  de aquella precipitación fue que durante un corto periodo de tiempo tuvo que quedarse viviendo con sus padres por no disponer de medios para pagar una vivienda.
Aún se complicaron más nuestros proyectos, la tuberculosis hizo meya en mis pulmones y me ingresaron en un sanatorio de la marina situado en la Sierra de Guadarrama, (Madrid). Subí al tren en San Fernando y me condujo hasta Madrid donde tuve de nuevo la oportunidad de ver a mi prima Otilia.
Pasé un día en su compañía y me enseñó la capital de España, todavía recuerdo que fuimos al cine a ver una película de humor, lo pasamos muy divertido y nos hicimos una fotografía que aún conservo en mi álbum.
Al día siguiente me despedí de mi prima y subí al tren para mi ingreso en el sanatorio.
Después de una revisión exhaustiva disminuyó mi inquietud, según los  médicos de aquel centro, la sangre que a veces expulsaba por la boca, se debía a la rotura de un capilar en el pulmón, y con un pequeño esfuerzo que realizara, bastaba para provocar un pequeño derrame. Con reposo y unas pastillas “Diapasit” pronto sanaría.
Mi ingreso duro trece meses. La mejor época de mi vida militar. El trato era bueno y la comida abundante.
Uno de aquellos días recibí una carta de mi esposa que me hizo muy feliz, en ella me comunicaba que iba a ser papá, la noticia fue causa de alegría pero también de tristeza, eran muchos los kilómetros que nos separaban cuando más me necesitaba.
Faltaba una semana para que naciera mi hijo y pedí un permiso al director del centro. En principio se opuso alegando que estaba en un sanatorio como enfermo y que no había ningún precedente que se hubiera dado permiso a nadie, no obstante, ante un caso especial como el mío dijo que estudiaría mi caso y me diría algo. Al día siguiente me llamó a su despacho comunicándome que tenía concedidos siete días de permiso.
Hice la maleta a toda prisa y subí al tren que me llevaría al paraíso, pues mi  paraíso era mi esposa e hijo y aquel tren me llevaría hacia los seres que más quería y por los que estaba dispuesto a luchar en mi vida.
Llegó el día tan deseado del alumbramiento y en recuerdo a mi difunto padre le pusimos de nombre Domingo. Me sentía feliz y contento. Pero después de tanta alegría pronto llegó la tristeza, los siete días de permiso se habían agotado y debía partir dejando a mi mujer y a mi hijo.
Cumplidos los trece meses de mi estancia en aquel centro para enfermos me dieron el alta y nunca más me resentí de aquel problema. Como podía elegir destino solicité el Departamento marítimo de Cartagena ciudad más próxima a la casa donde vivía mi esposa.
De camino hacia Cartagena hice una pequeña trampa bajándome del tren antes de reincorporarme a mi destino para visitar a mi mujer y a mi hijo, aunque sólo un día, por tener la fecha señalada para presentarme en el cuartel.
Cuando me quedaban tres meses para finalizar mi contrato con la Armada empecé a buscar trabajo y vivienda en Cartagena para vivir los tres untos.
De seguir en la Marina habría estado más tiempo lejos de ellos, por tener que volver a San Fernando de nuevo para cursar un año de especialidad en la academia y otro de de embarque.
El único trabajo que encontré fue en las famosas minas de plomo de La Unión, (Cartagena)
Busqué una pequeña casa y cuando me disponía ir en busca de mi familia recibí una carta que me rompió el corazón en mil pedazos. Mi esposa me comunicaba que nuestro hijo había fallecido.
Pedí en la empresa que trabajaba dos días de permiso para ir en su busca y empezar juntos una vida nueva dentro de la desgracia. ¡¡¡Qué felicidad por fin lográbamos poner fin a la distancia que nos separaba!!!
El trabajo en la mina era muy duro y ganaba un sueldo miserable que no llegaba para comer, además de la inevitable silicosis que podía contraer si trabajaba mucho tiempo expuesto al plomo.
Vi morir a compañeros a consecuencia del plomo y la verdad que empecé a tener miedo por ello, y más cuando aquellos mineros me aconsejaban y decían:
Zagal no seas tonto, eres joven, si no quieres verte como nosotros no te hagas viejo aquí.
Me propuse que en la primera oportunidad que se presentara tenía que marchar de allí.
A los seis meses de trabajar en la mina vino mi madre desde Barcelona a vernos y no le gustó que trabajara debajo de tierra.
Nos habló que la situación económica de mis hermanas era mejor que la nuestra y en particular la de Isabel que se había casado. Nos contó que había dado a luz una niña muy guapa y le pusieron de nombre Ana, que además de tener una casa en la que vivir no les  faltaba dinero para comer y vestir, que dejara aquel trabajo tan penoso y nos fuéramos a Barcelona, que había más oportunidades y posiblemente podríamos trabajar los dos.
Con los consejos de mi madre y las ganas que tenía de irme de la mina se colmó el vaso de nuestra paciencia y nos trasladamos a Barcelona.


Mina de plomo en La Unión Cartagena (Murcia) año 1959


1 comentario:

  1. josan,que capítulo!! emocionante!! sin buscarlo llegó el amor, que maravilla te estaba esperando ella con solo 15 años, ya la tomaste solo para ti, imagino los latidos de tu corazón,por aqui se le llama, cuando vez la chica que va a ser tuya" esa pollita es para mi gallinero".Pero siempre entre la alegria se mezcla la trizteza,solo el no estar juntos y después tu enfermedad, lo cuel la pérdida de lo que habia coronado vuestro amor el hijo Domingo, siempre está presente tu famila le haces honor a tu papá, Que compañera te puso en el camino Dios,una mujer maravillosa, ahora pienso en ella las que habrá pasado lejos de ti,rodeada de sufrimiento,estoy entre la felicidad y la tristeza, espero que pase y llegue mejores épocas,
    un abrazo
    floria..

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