lunes, 6 de septiembre de 2010

Capitulo XXXIX. Una brutal agresión.


Me encontraba trabajando en la fábrica cuando recibí una llamada telefónica de mi esposa que había surgido un imprevisto y teníamos que marchar urgente a Barcelona.
Cuando llegue a casa me dijo que habían llamado de una clínica de Sabadell pidiendo permiso para operar a Paquita.
Cogimos el coche precipitadamente y nos pusimos en marcha con dos de nuestros hijos, Alex y Raquel por considerarlos demasiado pequeños para dejarlos en casa. Cuando lleguemos a la clínica ya habían operado a Paquita.
Desde este capítulo agradezco a mis hermanas que le acompañaron en la  clínica en aquellas circunstancias tan dramáticas.
Hablamos con el médico y nos enteramos que habían tenido que extirparle el bazo por una brutal agresión que sufrió de su esposo. Aquella noche mi esposa se quedó en la clínica acompañando a mi hija mientras que yo llevaba a los niños en mi coche a casa de mi hija Isabel. Al mismo tiempo que conducía me esforzaba para contener el llanto y que los pequeños no se enteraran de lo que sucedía, ya que Alex siendo pequeño se daba cuenta de la situación y preguntaba:
Papá por qué lloras…
Cuando llegué a casa de mi hija Isabel aún seguía llorando, le conté lo sucedido a su hermana y trató de consolarme, pero mi pena era tan grande que no podía controlarme.
Al siguiente día fui a ver a Paquita a la clínica y la encontré un poco  mejorada, lo suficiente para contarme el porqué de aquella  brutal agresión.
Por disputa en el consumo de la dosis su esposo le propinó una brutal agresión delante de los niños y huyo dejándola abandonada a su suerte.
Gracias a la intervención de los vecinos que avisaron a la ambulancia  la llevaron al hospital y no murió desangrada.
Cuando estuvo algo más recuperada la dejamos en la clínica y nos trajimos a sus hijos a mi casa.
A la semana siguiente fuimos de nuevo a verla y nos dijeron en la clínica que le habían dado el alta. Una vez que dimos con ella nos comunicó que el médico deseaba hablar con nosotros, me dirigí a la clínica y la noticia del médico me dejó un sabor muy amargo.
A partir de aquel momento la tristeza inundó mi corazón “Mi hija tenía el VIH”
Siempre confié en que conseguiría sacarla del mundo putrefacto de las drogas para que viviera una vida normal con sus hijos, pero ante esta fatídica noticia mi fe se vino abajo a sabiendas de que su fin podría estar cerca, y a pesar de la tristeza que inundaba mi corazón intentaba sonreír para que no se diera cuenta de mi pena.
Regresamos a Monzón con nuestra hija y como el piso era pequeño instalemos unas literas para que hubiera espacio donde no lo había y poder acomodarnos la familia.
A Isabel le afectó mucho la crisis que sufrimos en España en los años 80 para trabajar en el supermercado, hasta el extremo de quedarse sin trabajo y no poder encontrarlo en Barcelona.
Viendo su situación me los traje a casa esperando que tuvieran más suerte. En Monzón tenían la posibilidad de trabajar aunque fuera recolectando fruta.
Lo negativo para convivir tanta familia fue la falta de espacio en un piso pequeño.
Para paliar este inconveniente busqué una pequeña casa a Paquita para que viviera con sus hijos pagando el alquiler por no disponer de medios económicos.
Mi hija Isabel y su esposo, después de encontrar trabajo alquilaron un pequeño piso, en el nació una niña a la que pusieron de nombre Sara. Después vino Alan y más tarde Joel.
Un año más tarde Paquita conoció a un chico y se fue a vivir con ella en la casa que en su día busque para ella. Durante un tiempo me eximí de  pagar gastos de alquile, pero como siempre suele ocurrir en el mundo oscuro de las drogas al final surgen las desavenencias y terminan con la ruptura.
Todo volvió a la situación anterior y empecé a pagar de nuevo los gastos que conlleva una casa.
Paquita iba de mal a peor, hasta llegar el día que la su situación se hacía insostenible para todos.
Ante el desamparo de mis nietos solicité la tutela a la Diputación de Aragón para traerlos a mi casa. Después de un estudio exhaustivo, no pusieron objeción y me concedieron la tutela de Israel y Tamara.
Pero aún tendría que aumentar más mi familia.
El 28 de septiembre del año 1988 en el hospital de Barbastro nació mi hija Noemí.
Ante el acontecimiento de alegría nunca logre olvidar las palabras de Paquita cuando fue a ver a mi esposa a la clínica.
Papa esta niña será mí sustituta…
Noemí durante su infancia fue el capricho de  padres y hermanos, es obvio que le dimos demasiados mimos y en el transcurrir del tiempo se verán los resultados, de momento es excesivamente nerviosa y tiene un carácter fuerte. Esperemos que según vallan pasando los años  se tranquilice.

Noe. 6 años




1 comentario:

  1. josan,que triste,como destruye la droga y mata no solo lo físico, también los buenos sentimientos,ya tu hija no quiere ni se quiere,asi está el mundo cada dia más personas buenas,envolucradas en esta desgracia,sufre toda la familia,pero ellos se vuelven indeferente,ya no son los que fueron,,no se que escribir pero es algo real que va en aumento,lo siento mucho me parece que he estado al lado de ustedes sufriendo. que fuertes que eres tu y tu esposa, bien dicen que DIOS no nos pone una cruz que no podamos cargar,
    un abrazo
    floria

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